Medio siglo de Grammys, 50 años de música a través de una gala gris con destellos de reivindicación para salvar la industria. Una noche más artificial de lo habitual en la que brilló con luz propia una Amy Winehouse, de entraña y voz provocadora que se llevó cinco premios, entre ellos, el de Mejor Artista Pop y Canción del año.