El diseñador favorito de los grandes acontecimientos, Valentino, se despidió ayer a lo grande. París se llenó de estrellas para disfrutar de su última colección de alta costura. El italiano fue fiel a su estilo. Los colores brillaban y los tejidos acariciaban a las modelos. El broche final puso en pie a los 800 asistentes. El rojo al que Valentino dio nombre vistió a sus musas para rodearle, por última vez, del más puro glamour.